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El legado modernista | ||
| Una de las principales sorpresas con las que se encuentra el visitante cuando pasea por Melilla es la belleza del centro de la ciudad, la elegancia de su arquitectura y el buen trazado de su urbanismo. Y la atención se concentrará sobre todo en los edificios modernistas, pues destacan tanto por su calidad como por el sorprendente número que se conserva desperdigado por los barrios centrales e incluso por otras zonas de la ciudad. Esta realidad eleva a Melilla a la consideración indiscutible de capital del modernismo de todo el norte de África, pero también la sitúa como una de las más destacadas ciudades modernistas a nivel nacional. | |||
| Vista de la Plaza de España | |||
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Conjugar la sobriedad castrense de Melilla la Vieja y la exuberancia ornamental de los ensanches es sin duda uno de los contrastes que hacen la visita a Melilla más atractiva, que incluso permite desorientar al visitante, llenándolo de curiosidad y preguntas respecto a esta dualidad. Y en una realidad de tantos matices, es seguro que cualquier explicación que se adelante, corra el riesgo de olvidar algún factor fundamental que ayude a explicarnos esta perfecta conjunción | ||
| Vista aérea de Melilla | |||
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No puede entenderse la forma de su urbanismo sin dejar claro el rígido control que los ingenieros militares ejercieron sobre la construcción de ensanches y barrios. Control que les permitió diseñar el espacio desde cero, con amplias calles y espectaculares plazas que parecen despreciar la codicia de la especulación. Pero tampoco podemos restarle importancia a los fuertes fenómenos inmobiliarios que estuvieron en la base de la construcción de la ciudad: capitales, burgueses y empresas que de manera febril participan en el proyecto de crear una nueva urbe a una velocidad de vértigo. |
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| También concederle su papel a una bulliciosa sociedad que desde principios del XX crece de una manera acelerada (casi espectacular) y que exigió que la Administración (una Junta de Arbitrios o municipalidad cívico-militar y la Comandancia de Ingenieros) estuviera permanentemente ocupada en generar espacio para el crecimiento de la población. Esta tensión entre la necesidad de encontrar espacio para construir y la tenacidad reglamentaria de los ingenieros militares, puede ayudarnos a entender esta Melilla del primer tercio del XX. Pero, para su mejor comprensión, conviene realizar un breve repaso histórico de este proceso urbano. |
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| Plano del campo exterior de Melilla | |||
| Historia urbana de una ciudad moderna | |||
![]() Confluencia de la Avda. Juan Carlos I Rey con Calle de General O`Donell |
La regularidad del trazado urbano de Melilla es una de las características más consolidadas de la ciudad. El control de la Administración militar fue decisivo en todo este proceso: las prescripciones y ordenanzas de construcción determinaron los factores del crecimiento de Melilla, desde la medida y forma de los solares, la ordenación urbana, la amplitud de las calles o la altura de los edificios. Los ingenieros que actuaron como responsables del urbanismo hasta finales de los años veinte, trazaron barrios y ensanches regidos por la trama en cuadrícula, creando amplias calles y rectas avenidas lo que generó amplias perspectivas que facilitan la contemplación de su arquitectura y sus calles. Así fueron surgiendo por igual barrios plenamente burgueses junto a otros de extracción obrera. |
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![]() Fuerte de Rostrogordo |
Si nos remontamos en la historia, diremos que los primeros intentos para consolidar y defender los límites de Melilla, en la segunda mitad del siglo XIX, contemplaban la posibilidad de un tímido crecimiento urbano de la ciudad --aunque siempre dentro de los límites de las fortificaciones--. Estos proyectos fueron llevados a cabo por los ingenieros Francisco Arajol y Francisco Roldán y representaron el tímido nacimiento de una nueva urbe. Una obra imprescindible para iniciar cualquier trabajo era la desviación del río de Oro, que atravesaba lo que hoy día es la principal zona de ensanche de Melilla, desembocando en las inmediaciones de la actual plaza de España. Las obras de desviación se acometieron entre 1871 y 1872. |
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Sin embargo, el primer ensanche que pueda calificarse de tal fue el del Mantelete interior iniciado en 1888 bajo la dirección de Eligio Souza. El nuevo barrio, organizado en manzanas rectangulares, adosadas sin contemplaciones a las murallas del siglo XVIII, resultó insuficiente para el aumento de población por lo que a continuación se construyó un nuevo barrio, esta vez bastante alejado de las murallas, conocido como Polígono. |
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![]() Antiguo Barrio de Alfonso XIII y barrios del Principe y Concepción Arenal. |
En la historia urbana de Melilla la necesidad de ofrecer alojamiento a una población cada vez más abundante, siempre rebasó las posibilidades de los urbanistas. Por esta razón, en 1896 el ingeniero Nicomedes Alcayde, realizó un nuevo proyecto de urbanización que contemplaba la construcción de nuevos barrios, como la ampliación del Polígono y el Carmen. El ensanche de más envergadura edificado por la burguesía local por estas fechas fue el de Alfonso XIII, construido en torno a la calle Carlos Ramírez de Arellano. También se realizó en estos primeros años del siglo XX el principal parque de la ciudad, llamado Hernández sobre parte del antiguo cauce del río, con proyecto de otro ingeniero, Vicente García del Campo. | ||
Melilla crecía en extensión, pero el trazado de estos primeros barrios burgueses no cubría todas sus necesidades sociales ya que la mayor parte de la población obrera no podía acceder por cuestiones económicas a estas viviendas. Por esta razón también se trazaron en paralelo barrios para los sectores sociales menos favorecidos: así nació el barrio Obrero junto a la calle Querol. |
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![]() Vista aérea de Melilla |
Pero todos estos proyectos eran intentos aislados y el verdadero ensanche burgués estaba todavía por diseñar. En 1906 el ingeniero Eusebio Redondo planificó un amplio espacio central en el llano de la ciudad: el que sería barrio de Reina Victoria y que se conoce actualmente como Triángulo de Oro. Redondo dividió el espacio en manzanas rectangulares achaflanadas que, en su forma, nos recuerdan las del ensanche Cerdá de Barcelona. La primera arquitectura que se edifica en este barrio fue la clasicista, proyectada en su mayor parte por los mismos ingenieros militares que habían participado en su urbanización, entre ellos el mismo Eusebio Redondo | ||
![]() Vista aérea de Melilla, Plaza de España |
Un compañero suyo, José de la Gándara, será el autor en 1910 de un plan general de urbanización cuya propuesta más interesante fue la construcción de la Plaza de España (1913), un espacio circular estratégico que articulaba los ensanches burgueses con la zona del Mantelete y del Puerto, constituyéndose desde entonces en el espacio urbano más significativo de Melilla | ||
A partir de 1915 también se fueron edificando otras zonas centrales de la ciudad, siempre en torno al eje marcado por el parque Hernández y el barrio Reina Victoria. Así surgen los barrios de Gómez Jordana y de Concepción Arenal, donde se inicia la construcción de viviendas para las clases sociales más acomodadas y en los que desde 1909 se difunde el estilo modernista que llegaría a definir a toda la ciudad. |
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![]() Barrios e Batería Jota, Hernán Cortés o Cabrerizas |
Pero como ya hemos visto, el principal problema de la Administración fue diseñar barrios y viviendas para la abundante población obrera que no cesaba de llegar atraída, sobre todo, por el auge económico de la ciudad al socaire de las campañas militares. La Junta de Arbitrios -- antecedente del actual Ayuntamiento --, había costeado la construcción de barrios como el Príncipe de Asturias en 1910 pero, por regla general optó por no ejecutar con su presupuesto las casas, sino que planificaba y facilitaba el suelo donde los obreros podían construir viviendas con sus propios medios. Así, se cedía el terreno a los propietarios autoconstructores y se trazaba únicamente la morfología, también basada rígidamente en la cuadrícula. De esta manera nacieron los barrios del Real, Hipódromo y Tesorillo y, a partir de 1921, los de Batería Jota, Hernán Cortés o Cabrerizas. |
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![]() Barrio Hebreo. |
Este carácter dual entre ciudad obrera y ciudad burguesa fue una constante en todo este crecimiento, pero como ambas se unen estrechamente en un reducido espacio urbano, mantienen en la rigidez de la trama el elemento que las unifica visualmente. |
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Con el final violento de la II República y el advenimiento de un nuevo régimen se inicia un nuevo periodo marcado por la iniciativa oficial en la construcción. En la postguerra y a través del Instituto Nacional de la Vivienda se proyectaron viviendas protegidas en bloque que ofrecieron un nuevo esquema morfológico en el crecimiento de la ciudad. En los años cincuenta también se llevó a cabo otra gran obra de estas características: el barrio Virgen de la Victoria, verdadera ciudad satélite con un espacio muy jerarquizado y lleno de símbolos religiosos y de poder, obra del arquitecto malagueño Enrique Atencia. |
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| Barrio Viergen de la Victoria | |||
Sin embargo para finales de esta década, se inició un periodo de retroceso demográfico marcado por la independencia de Marruecos en 1956. En los siguientes años y hasta la década de los ochenta, la construcción urbana en Melilla quedó prácticamente congelada, lo que mantuvo ajena a la ciudad de la agresión demoledora indiscriminada del típico desarrollismo del momento. Pero a partir de esa fecha se retoma una inusitada actividad constructora, impulsándose la remodelación de los barrios existentes y el diseño de otros nuevos. Esta última es una etapa de edificación casi febril que viene cambiando profundamente la fisonomía de la ciudad y de su arquitectura. |
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| Un paseo por la arquitectura de Melilla: el lenguaje de las formas |
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![]() Detalle fachada edificio en Avenida nº 1 |
Cualquier paseo por Melilla nos pone en contacto con una arquitectura cuya belleza y monumentalidad generan un primer sentimiento de sorpresa. ¿Porqué Melilla cuenta con esa arquitectura modernista y burguesa que siempre suele caracterizar a las capitales más cosmopolitas? Contestar este interrogante nos exige adentrarnos en la ciudad del principios del XX, momento cuando se materializa el interés español por el norte de África y en concreto por Marruecos. Esa perspectiva de futuro generó un bullicioso crecimiento demográfico y la consolidación de las clases sociales más adineradas, que podían volcar sus capitales hacia el comercio con el Protectorado marroquí. |
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Serán estas clases, a las que podemos llamar burguesas, las responsables de esta arquitectura que hoy tanto nos llama la atención. Empresarios, comerciantes, hombres de negocios y vinculados a la exportación o profesionales liberales, serán quienes encarguen estos edificios. Algunos para ser habitados por ellos mismos, pero la mayoría como viviendas para vender o alquilar, aunque tanto en un caso como en otro, los detalles estéticos y la decoración general de estas arquitecturas brilló a gran altura. |
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![]() Edificio del Telegrama del Rif, Arquitecto Enrique Nieto (1912 |
De origen levantino, andaluz, catalán o aragonés, todos estos burgueses entendieron que la arquitectura también es una forma de prestigio y que Melilla, como ciudad que nacía moderna y con un gran futuro, no podía poner trabas a la creatividad de los proyectos. Primero fue la tarea de los ingenieros militares que desde principios de siglo edifican frenéticamente por los nuevos ensanches que ellos mismos habían trazado, pero desde 1909 la aparición del arquitecto catalán Enrique Nieto eleva el nivel estético de la ciudad a gran altura. |
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Enrique Nieto, barcelonés, había trabajado brevemente con Antoni Gaudí pero era realmente discípulo de Josep Domenech i Montaner. Este gran maestro es el que le inspira algunas de sus mejores obras en Melilla, aunque una de las características de Nieto es su extrema versatilidad, su capacidad de ir de un estilo a otro sin que el alto nivel de diseño se viera afectado. Así este arquitecto, que ya nunca abandonará la ciudad, se consagra totalmente a construir buena parte de su arquitectura. Y no sólo la modernista, ya que también realiza espectaculares edificios neoárabes y de la corriente art déco. |
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Esta continuidad profesional le permite a Enrique Nieto ser el hilo conductor de la arquitectura melillense desde 1909 hasta los años cincuenta, pero obviamente no es el único profesional que trabaja en esta ciudad, pues tanto ingenieros como otros arquitectos también realizan magníficas obras. Nieto compite duramente con los ingenieros, defendiendo que estos, al no haber estudiado arquitectura, no debían proyectar edificios pero hasta 1929 no consigue que se les prohiba ejercer. Hasta ese momento, una verdadera pléyade de ingenieros militares habían desempeñado trabajos de construcción: Joaquín Barco, Eusebio Redondo, los hermanos Castañón Reguera o José de la Gándara. Algunos de ellos asumiendo el modernismo en destacables obras, caso de Tomás Moreno, de Francisco Carcaño y sobre todo de Emilio Alzugaray. A éste último le debemos casi un centenar de edificios, algunos de ellos sorprendentes obras modernistas, estilo donde brilló con luz propia. |
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| Calle Genaral O´Donell, 14-16, Emilio Alzugaray | |||
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Posteriormente, Enrique Nieto comparte el trabajo y clientela locales con arquitectos de sólida formación: en los años treinta con Mauricio Jalvo y sobre todo con Francisco Hernanz, que es el introductor en Melilla del estilo moderno representado por el art déco y el racionalismo aerodinámico. En el siguiente decenio vuelve a realizar novedosos trabajos, compartiendo época con el arquitecto Manuel Latorre, pero a partir de entonces la arquitectura toma otro rumbo, transforma sus principios y se inicia otra página nueva en esta historia constructiva de la ciudad. |
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| Calle Chacel nº 8, Enrique Nieto (1935) | |||
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Debemos precisar que cuando se habla coloquialmente en Melilla de arquitectura modernista, en general suele incluirse en este calificativo a todos los estilos decorados del primer tercio del siglo XX: clasicismo, neomedievalismos, la secesión, el art déco, el expresionismo y por supuesto las distintas corrientes del modernismo propiamente dicho. |
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| Iglesia del Sagrado Corazón, Fernando Guerrero Stracham, (1911-1918 | |||
![]() Calle General Marina |
El clasicismo, fue el estilo que caracterizó y dio sentido a la arquitectura que empezaba a construirse en Melilla a finales del siglo XIX y a principios del XX. Este lenguaje decorativo, que nos recuerda algunos elementos de la arquitectura neoclásica presenta un diseño muy sencillo y una ornamentación dispuesta siempre de forma simétrica, lo que da a sus fachadas una composición ordenada y geométrica. El clasicismo se implantó en la ciudad de la mano de ingenieros militares como Joaquín Barco, Carmelo Castañón o Eusebio Redondo, que estimaron que estas formas sobrias y académicas eran las más idóneas para la construcción de una ciudad moderna, por lo que abundan en los primeros ensanches hasta 1909. Esta cronología determina que en su mayor parte se trate de edificios de planta baja o de bajo y primero, al prohibir las ordenanzas de construcción más alturas en estos años por razones de índole militar. |
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![]() Hospital de la Cruz Roja |
Por su parte el eclecticismo, surge como un cierto rechazo a la rigidez compositiva del clasicismo, pero en Melilla no pudo desarrollarse totalmente ya que por lo tardío de su génesis (a partir de 1907) se situaba demasiado cerca de la irrupción del modernismo en la ciudad, que anuló o acabó directamente con estas corrientes. Aunque el ingeniero ecléctico por excelencia fue Droctoveo Castañón, también cabe destacar a Alejandro Rodríguez-Borlado y a José de la Gándara autor, entre otros proyectos, del Hospital de la Cruz Roja. |
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![]() Casa de los Cristales |
Los historicismos fueron estilos vinculados a edificios con funciones muy determinadas, como las religiosas en los neomedievalismos (neogótico o neorrománico) o lúdicas y públicas en el neoárabe. Por esta razón no existen iglesias modernistas ni tampoco historicismos en los edificios de viviendas del ensanche. Los ingenieros Francisco Carcaño o José Pérez Reina y arquitectos como Fernando Guerrero Stracham fueron los autores más destacados de esta arquitectura, en la que destacan los principales templos de la ciudad. |
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![]() Casa de la Reconquista, Enrique Nieto |
El mundo formal modernista, caracteriza y define como hemos visto a la ciudad de Melilla. El autor que impulsó con fuerza esta renovación formal fue el arquitecto Enrique Nieto, cuyas realizaciones estaban estrechamente vinculadas a la fase más floralista del estilo catalán y mezcladas con modulaciones florales francesas e italianas y con motivos decorativos de la Secesión vienesa. |
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De las composiciones más libres de Enrique Nieto, al refinado academicismo ornamental de Emilio Alzugaray o Francisco Carcaño, pasando por los modelos geométricos de Manuel Rivera, el modernismo se fue desarrollando con fuerza durante el segundo decenio del siglo y, bajo la mano exclusiva de Nieto, se prolongó con brillantez en los años veinte, momento en el que destacan algunas de las mejores y más monumentales obras modernistas de Melilla. |
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| Mezquita Central, Enrique Nieto (1945) | |||
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Por su parte el art déco supone una reacción estética frente al modernismo. Se trata de un refinado estilo que se caracteriza por una mayor geometrización de los detalles decorativos, reduciendo lo floral al puro grafismo en relieves o incluso en incisiones. Las imágenes del nuevo estilo procedente de París impactan en los diseñadores y en los arquitectos: líneas superpuestas, geometrías repetitivas, estilizaciones figurativas que en atención a sus quiebros se llamó Zig-zag moderne o art déco zigzagueante. |
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| Palacio de la Asamblea (Antiguo Ayuntamiento) |
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Pero el triunfo del art déco significó además el triunfo profesional de los arquitectos en Melilla. Los ingenieros de todas las ramas --militares, de caminos y de minas-- , que hasta 1929 habían venido trabajando en la ciudad, recibieron la prohibición definitiva de diseñar arquitectura y fueron desplazados del mercado de trabajo. Por esta razón existen magníficos ingenieros modernistas, pero ninguno que pudiera desarrollar el art déco. |
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| Calle Reyes Católicos nº 4, Enrique Nieto | |||
![]() Arquitectura Esgrafiada |
El último estilo ornamentado que incluimos en este breve repaso es la arquitectura esgrafiada de Enrique Nieto. Desarrollada en el periodo de postguerra, es tan interesante como insólita; en ella se funden desde las curvas procedentes de las obras aerodinámicas a los esgrafiados del art déco pero, sobre todo, las superficies estucadas en tonos marmóreos rojos, verdes, azules o anaranjados que dotaban a las fachadas de un cromatismo excepcional. Esta arquitectura representa el epílogo creativo de Nieto y al mismo tiempo inicia el capítulo de un nuevo periodo que asiste a la introducción de nuevas tipologías y del racionalismo, aunque no falten interesantes obras regionalistas de arquitectos como Manuel Latorre. |
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Pero si Melilla es un museo de arquitectura, precisaremos que la ciudad nunca se muestra ordenada como una exposición, los estilos no aparecen ni en Melilla ni en ninguna parte agrupados por tendencias o estilos, clasificados en un sector de la ciudad o en otro. Por el contrario la tarea del paseante consiste en ir descubriendo todas las combinaciones que se le ofrecen de forma aleatoria, porque la belleza muchas veces procede de la sucesión en una manzana de seis edificios modernistas o por el contrario del contraste entre un floralismo delirante y un art déco totalmente geométrico. En ello, la perspectiva y la visualidad jugarán un papel imprescindible. |
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En la actualidad, Melilla sigue mostrando ese carácter de conjunto que la convierte en uno de los ejemplos arquitectónicos más interesantes de su entorno. Para comprobarlo, le proponemos tres itinerarios que le permitan surcar sus calles y buscar la belleza de sus edificios y lugares. |
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Antonio Bravo Nieto, de la Guía de Melilla |
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